sábado, 21 de noviembre de 2015

Carta a Jesús

           


                                                                     Carta  a  Jesús


        ¡Ay Señor! Necesito hablarte y las palabras no acuden en mi ayuda; siento que me estoy secando por dentro en una sed que no me la sacia el agua.
        Se me van pasando los días entre abrojos de cansancio y desesperanza aunque me quiero engañar y aparentar estar segura y serena en el abrazo de tu paciente espera.
        Siento que te quiero y que te fallo, siento un descorazonador proceder en el suceder de mis mañanas en las cuales transcurren mis silencios, mis negativas a tus constantes llamadas.
        Qué he de hacer Señor mío si no alcanzo a sacar nada de mí, si la sequedad de mi espíritu me está debilitando el ánimo. Poco a poco me siento morir a mi compromiso.                                    
        Acercarme quiero, mas no puedo vencer mi inmovilidad de espíritu. Si yo siento que te quiero, por qué mi flojera me domina poco a poco. ¿Acaso estoy enferma? Y si es así, ¿por qué no busco ayuda dónde únicamente alcanzarla puedo? Si Tú eres mi consuelo, mi favor, mi bien primero. Si solo he de recostarme en tu regazo siempre dispuesto a cuidar mi abrazo, a protegerme, a desinfectar las heridas de mi constante fracaso.

        Ni siquiera he de buscarte pues Tú de cerca me vigilas, no me dejas, en mí confías perseverante, amante mío siempre atento a mis necesidades. ¿Qué me pasa? No me entiendo. Si tu hija deseo ser y así ante otros me proclamo. Si supieras…-que absurda, pues claro que lo sabes- tan mal me siento si mi puerta te abro y luego no te atiendo. No soy Marta ni María. Ni siquiera soy Carmen. Ellas sí te harían merecida la visita.
        Soy una persona desconocida e ingrata que no sé cómo me posee; no le impido serte irreverente pues eso es no atenderte del modo que te mereces.
        Jesús. Te estoy llamando a voces pues te necesito tanto. ¡Tanto! Imagínate, no te reconozco teniéndote a mi lado, aquí en mi humilde casa esperando alegre bajo mi emparrado. Las nacientes uvas crecen vigorosas; tal vez cuando maduren sea el momento de mi cambio. Hasta luego Jesús mío. Gracias por leerme. Gracias por amarme.
                                  Con cariño Carmen                                                9  Junio  2014            

1 comentario:

  1. Mi comentario después de releer este escrito, solo puede ser que en ello me ratifico.@ Jesús siempre está espectante a nuestra llamada. Fiel. Incansable. C.

    ResponderEliminar