GRACIAS
Cada día el sol resplandeciente
se
posa en mi almohada.
Quiero que él me despierte
cual
si Tú me lo enviaras
para
asegurarte de mi despertar.
Hoy así ha sucedido, como ayer,
hasta
que Tú dispongas
lo
esperaré cada alborada.
Yo solo Te digo, Señor,
estoy
dispuesta.
Hoy, mañana… ¿acaso importa?
El tiempo es corto
y
la espera apasionante.
Gracias.
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