En mí me introduzco
Mi Dios querido y al que ingrata soy sin pretenderlo;
es tan solo... tan desvalida, tan insignificante me siento,
que a veces ni la mirada alzo, por eso no te veo
y en mí me encierro, desaprovechando el tiempo.
Hay tanto por hacer, y yo, perezosa, dormitando
me inhibo de mis quehaceres que compromisos son,
pues en sabiendo de Ti a través del Evangelio
sé lo que a mí pides, lo que de mí esperas, paciente,
esperando que de mí desaparezca el sueño.
El sueño de que vivo, siendo falso, pues más bien muero.
Muero a la vida si no la vivo en Ti,
si no la vivo por los desafortunados que en mi camino pones
para que yo ponga en ellos amor y sea su remedio.
Y tengo claro el porqué de mi existencia. ¡Amar!
Amar sin reservas, como tu Hijo nos dejó advertidos
del cariz que nuestros actos deberían regir nuestros caminos.
Su mensaje, directo, sin recovecos que nos sirvan de excusa
Su mensaje, directo, sin recovecos que nos sirvan de excusa
porque en nuestra hondura permanece, y lo sabemos.
Mi Dios, te siento y a tu Hijo siento, pero... qué débil soy,
cobarde, remolona,. Me asusta el compromiso.
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