Distracciones
¡Ay Señor!
¡Qué inquieta mi mente se halla.
Aquí, acompañándote estoy
y al momento, de ti me siento desplazada.
No tengo la capacidad de amarte
de forma continuada;
no todo el tiempo, pretendo,
no todo el tiempo, pretendo,
pero sí mientras conversar contigo quiero
y de pronto ¡Zas! Un pensamiento
intrascendente, de vulgares cosas
se ha introducido en mi plática.
Y aferro una a otra mis manos,
para, al tenerlas ligadas, hagan de contención
de cosas múltiples mundanas
que pelean entre sí, por ser la más señalada.
Y así, hago con mis ojos;
los cierro con saña hasta que en ellos
la absoluta negrura se plasma
y, ¡qué desasosiego siento!
pues ambas posturas me fallan.
Abstrayendome lo más posible
entre despiste y despiste logro conectar contigo
y contarte lo que le aflige a mi alma.
Y... ¿Qué ha de ser? Lo de ayer, lo de anteayer...
lo que desterrar de mí requiero sin lograrlo:
Qué seas Tú mi bien primero.
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