Mi Padre Nuestro
Calienta mis
manos en tus manos
que las tengo heladas.
Y si no tienes manos
estréchamelas bajo tus alas,
y si no tienes
alas
cobíjame bajo tu manto,
y si no tienes manto,
si Tú eres espuma, brisa, nube...
hazme impalpable
para que adherida contigo
de tu vera no me aparte.
PADRE NUESTRO:
No permitas que
transite sola
tan pedregosa vereda;
al menos un hermano
ha de venir conmigo con su vara
guiándome por el camino;
al menos un hermano
sí no más, para que
juntos
avancemos sin temor.
Me siento débil,
insegura,
y perderme no quisiera
al llegar la noche oscura.
PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN
LOS CIELOS:
Esos cielos tuyos
dinos ¿dónde se hallan?
Los nombramos
cada día
sin encontrarlos, pues...
¿Acaso los buscamos?
Este cielo de
diario
hermoso y visible, encantador,
-a nuestros ojos encandila
ya sea azul, gris, tornasolado-
magnífico en su esplendor
no es el cielo que esperamos.
SANTIFICADO SEA TU NOMBRE
Por todos los
pueblos y naciones.
Cada uno de
nosotros
formamos parte de esos pueblos.
Pero mi pueblo
soy yo y mi familiar;
mi pueblo soy yo y mi vecino;
mi pueblo soy yo y mis coetáneos.
Mi pueblo somos
todos
de cualquier parte y lugar
sin ojos para vernos el color,
ni fronteras ni hablas diferentes.
Todos iguales.
Solo “gentes”
VENGA A NOSOTROS TU REINO:
Nos lo enviarás,
Señor, sin duda,
como lo prometiste y dicho queda.
Tu palabra
mantendrás
pues eres franco y verdadero,
pero algo hemos de hacer
en el tiempo de la espera.
Ayudarnos como
buenos hermanos;
esforzarnos en vivir de forma plena;
-cada cual ha de aprender cómo se hace-
hay distintas formas a elegir
y errar en la elección yo no quisiera.
HÁGASE TU VOLUNTAD:
En la tierra como
en el cielo.
Diríase Señor que
a tus requerimientos
“cedemos” luego que nos hayas rogado.
Lejos de la
primera apariencia
pues, a nada que nos paremos a pensar
nos daremos cuenta de nuestra nimiedad.
Aceptar tu
voluntad es reconocimiento
de lo grande que Tú eres,
tantas muestras a diario nos ofreces...
Necio sería no
apreciarla,
más, no acatarla con humildad.
DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA
DÍA:
Si no lo
hicieras, Señor,
¡qué de nosotros sería!
Necesitamos este
alimento
para subsistir, bien lo sabías,
por eso nos lloviste el maná.
Hoy en trabajo
nos lo envías
para tomarlo en hermandad.
Si a muchos no
les llega
¿es por Ti? – me pregunto
inútilmente- La respuesta sé.
Compartir es
nuestra responsabilidad.
Y PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS:
Tenemos tantas
que atenderlas
sin tu ayuda no podremos.
Al padre y madre
y hermanos,
a los demás hermanos,
a los amigos y compañeros,
y a Ti, Señor, ¡cuánto debemos!
Atesoramos
riquezas –lo que nos sobra-
Damos limosna –de
lo mismo-
Consolamos al
triste –tiempo escaso-
Muchas más cosas
no enumeradas,
todas ellas son ofensas que te arrojamos.
COMO NOSOTROS PREDONAMOS A
NUESTROS DEUDORES:
Esto es
afirmación... ¿sí? ¿O no?
Nos es tan difícil
perdonar...
Dirigirnos a Ti
cada día
en la “Oración” sin haber nuestras deudas saldado...
El rencor debiera
dolernos hasta impedirnos respirar.
Soportar tal
sufrimiento
sería más fácil si más te amáramos,
si nos comportáramos como hermanos,
si fuéramos cristianos sinceros;
si este don alcanzable lográramos
careceríamos de la culpa del “deudor”
Y NO NOS METAS EN TENTACIÓN:
Tú no nos dejar
caer, Señor,
nosotros somos nuestro tropiezo.
Una y otra y otra
vez caemos
del tronco que ante nosotros ponemos.
Te pedimos
insistentemente
la ayuda que no queremos.
Lo que a Ti
disgusta
a nosotros es tan atrayente...
Si no llamara
nuestra atención
de modo tan insistente...
Ya ves, aún lo
justificamos, discúlpanos.
MAS LÍBRANOS DEL MAL:
El mal. Cual mal.
El nuestro. El de los otros.
Qué es el mal.
Quién lo tiene.
¿Por qué hay mal?
Mira Señor que no
lo entiendo
y a esta duda solo yo, me atengo.
Si Tú eres bondad
infinita
¿cómo fue que alguien o algo se trastocara en otra cosa
no creada previamente por Ti siendo el “Creador”?
Pues así soy de
imprudente, ya me conoces,
y en haciéndolo, no sé cómo me aceptas tan osada.
Te lo suplico, a
pesar de mí, del mal líbrame.
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