martes, 28 de enero de 2014

La Lluvia me Ha Devuelto a Casa



La Lluvia me Ha Devuelto a Casa

Hoy Señor, mi plegaria a ti ha sido tan breve...
Apenas un agradecimiento al nuevo día,
gris, muy gris, tanto que parecía que aún no amanecía.
Sí. He recordado que ayer me escuchaste
y por ello gracias te he dado de nuevo,
con prisa, sin entregarme a ti abandonada
y, he marchado a la calle, la casa me abrumaba.
Sin embargo, en mi interior moraba la alegría.
Sí. Es posible estar alegre aunque no acompañe el día.
La lluvia me ha devuelto a casa y, al pronto
te he sentido, es por eso que mi pensamiento
se ha enfrascado en tu añorado recuerdo.
¡Ay Jesús! ¡Mi Jesús! Te imagino últimamente
como a cualquier chiquillo, jugando a las puertas de tu casa
con otros niños hijos de vecinos.

Tendrías fiebre alguna vez... Que sí, supongo
y en los brazos de tu madre te imagino,
y la veo consolándote, cuidándote,
como cualquier mujer a su querido hijo.
Pienso; qué ropa llevarías; una pequeña túnica
a tu cuerpo atada, como he visto en las películas
y debajo, pensé, vestirías otra de lino fino
que al huso tu madre, tal vez, con sus manos tejería.
Hace unos años que soy abuela, como sabes
pero, es ahora que como abuela me siento, frágil, limitada,
no sé si es por eso que a mí te acerco, cual a mis nietos
pues sé de tu vida como hombre, pero de niño te visiono.
Sé que orar es hablar contigo y escribirte es grabar la oración;
rememorar más tarde lo que al presente he sentido.
Gracias por tu paciencia pues, mira qué es pobre este escrito.
Hasta otro momento, Jesús mío, aunque sé que sigues conmigo. 

*****

No hay comentarios:

Publicar un comentario