Tú Nunca me Abandonas
Es gratificante Señor, saber que me
llamas
pues
si justa fuera no lo hicieras.
Si soy justa ya no me llamarás
mas,
acaso eso ¿de Ti me aleja?
No. Tú nunca me abandonas.
Yo tan solo he de seguirte, caminar tras
de Ti,
mientras
a otros alejados nos acercas.
Pero no hemos de descuidarnos en
seguirte.
Cualquier encrucijada que nos despiste,
cualquier
distracción que nos haga perder tus huellas:
una
flor que nos deslumbre,
un
trino que nos deleite,
un
arroyo de agua límpida
que
apagar nuestra sed pueda…
cualquier
cosa, nos puede hacer perder tu estela.
Y… entonces… ya te habremos perdido.
Volveremos a ser “sórdidos publicanos”
hundidos
en la materia, otra vez.
¡No! No lo es. No te lo creas.
Jesús de caminar no ceja
y
en un momento cualquiera
volverá
a pasar por tu lado
indicándote
su recta vereda
y
así, una y otra vez, incansable.
Nos invitará a seguirle
con
nuestro fardo de imperfecciones,
de
injusticias cargado, a cuestas.
Y en siguiéndole sus amigos somos.
Su amistad nos brinda porque nos ama.
Señor, mira que ansío ser justa.
No me dejes. No quiero irme de tu lado,
soy
tan nimia e indefensa…
Largos años he vivido para alcanzar al
fin
la
experiencia de sentirme una niña desvalida
y
la sapiencia de conocer que así me quieres:
pequeña,
inocente, vaciada de grises vivencias,
blanca
rosa, sin espinas, toda esplendorosa
para acercarme a Ti, limpia, y que me acojas.*****
No hay comentarios:
Publicar un comentario