miércoles, 26 de febrero de 2014

De Despistes


                           
                Tú  Nunca  me  Abandonas    


      Es gratificante Señor, saber que me llamas
pues si justa fuera no lo hicieras.
      Si soy justa ya no me llamarás
mas, acaso eso ¿de Ti me aleja?
      No. Tú nunca me abandonas.
      Yo tan solo he de seguirte, caminar tras de Ti,
mientras a otros alejados nos acercas.
      Pero no hemos de descuidarnos en seguirte.
      Cualquier encrucijada que nos despiste,
cualquier distracción que nos haga perder tus huellas:
una flor que nos deslumbre,
un trino que nos deleite,
un arroyo de agua límpida
que apagar nuestra sed pueda…
cualquier cosa, nos puede hacer perder tu estela.
      Y… entonces… ya te habremos perdido.
      Volveremos a ser “sórdidos publicanos”
hundidos en la materia, otra vez.
      ¡No! No lo es. No te lo creas.

      Jesús de caminar no ceja
y en un momento cualquiera
volverá a pasar por tu lado
indicándote su recta vereda
y así, una y otra vez, incansable.
      Nos invitará a seguirle
con nuestro fardo de imperfecciones,
de injusticias cargado, a cuestas.
      Y en siguiéndole sus amigos somos.
      Su amistad nos brinda porque nos ama.
      Señor, mira que ansío ser justa.
      No me dejes. No quiero irme de tu lado,
soy tan nimia e indefensa…
      Largos años he vivido para alcanzar al fin
la experiencia de sentirme una niña desvalida
y la sapiencia de conocer que así me quieres:
pequeña, inocente, vaciada de grises vivencias,
blanca rosa, sin espinas, toda esplendorosa
                                     para acercarme a Ti, limpia, y que me acojas.

                                                                 *****     

No hay comentarios:

Publicar un comentario