domingo, 14 de diciembre de 2014

Padrenuestro


                                                                        
PADRENUESTRO

 PADRE:
                      
                Calienta mis manos en tus manos                
que las tengo heladas.
     Y si no tienes manos
estrechámelas bajo tus alas,
     y si no tienes alas
cobíjame bajo tu manto,
y si no tienes manto,
si Tú eres espuma, brisa, nube...
hazme impalpable
para que adherida contigo
de tu vera no me aparte.

  PADRE NUESTRO:
                    
     No permitas que transite sola
tan pedregosa vereda;
al menos un hermano
ha de venir conmigo con su vara
guiándome por el camino;
al menos un hermano
sí no más, para que juntos
avancemos sin temor.
     Me siento débil, insegura,
y perderme no quisiera
al llegar la noche oscura.

              PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS:

     Esos cielos tuyos
dinos: ¿dónde se hallan?
     Los nombramos cada día
sin encontrarlos, pues...
¿Acaso los buscamos?
     Este cielo de diario
hermoso y visible, encantador,
-a nuestros ojos encandila
ya sea azul, gris, tornasolado-
magnífico en su esplendor
no es el cielo que esperamos.

     SANTIFICADO SEA TU NOMBRE:

     Por todos los pueblos y naciones.
     Cada uno de nosotros
formamos parte de esos pueblos.
     Pero mi pueblo soy yo y mi familiar;
mi pueblo soy yo y mi vecino;
mi pueblo soy yo y mis coetáneos.
     Mi pueblo somos todos
de cualquier parte y lugar
sin ojos para vernos el color,
ni fronteras ni hablas diferentes.
     Todos iguales. Solo “gentes” 
  
  
      VENGA A NOSOTROS TU REINO:

     Nos lo enviarás, Señor, sin duda,
como lo prometiste y dicho queda.
     Tu palabra mantendrás
pues eres franco y verdadero,
pero algo hemos de hacer
en el tiempo de la espera.
     Ayudarnos como buenos hermanos;
esforzarnos en vivir de forma plena;
-cada cual ha de aprender cómo se hace-
hay distintas formas a elegir
y errar en la elección yo no quisiera.

  HÁGASE TU VOLUNTAD:

     En la tierra como en el cielo.
     Diríase Señor que a tus requerimientos
“cedemos” luego que nos hayas rogado.
     Lejos de la primera apariencia
pues, a nada que nos paremos a pensar
nos daremos cuenta de nuestra nimiedad.
     Aceptar tu voluntad es reconocimiento
de lo grande que Tú eres, 
tantas muestras a diario nos ofreces...
     Necio sería no apreciarla,
más, no acatarla con humildad.

       DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA:

     Si no lo hicieras, Señor,
¡qué de nosotros sería!  
     Necesitamos este alimento
para subsistir, bien lo sabías,
por eso nos lloviste el maná.
     Hoy en trabajo nos lo envías
para tomarlo en hermandad.
     Si a muchos no les llega
¿es por Ti? – me pregunto
inútilmente- La respuesta sé.
     Compartir es nuestra responsabilidad.

      PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS:

      Tenemos tantas que atenderlas
sin tu ayuda no podremos.
     Al padre y madre y hermanos,
a los demás hermanos,
a los amigos y compañeros,
y a Ti, Señor, ¡cuánto debemos!
     Atesoramos riquezas –lo que nos sobra-
     Damos limosna –de lo mismo-
     Consolamos al triste –tiempo escaso-
     Muchas más cosas no enumeradas,
todas ellas son ofensas que te arrojamos.  

     
     COMO NOSOTROS PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES:

     Esto es afirmación... ¿Sí? o ¿No?
     Nos es tan difícil perdonar...
     Dirigirnos a Ti cada día
en la “Oración” sin haber nuestras deudas saldado...
     El rencor debiera dolernos hasta impedirnos respirar.
     Soportar tal sufrimiento
sería más fácil si más te amáramos,
si nos comportáramos como hermanos,
si fuéramos cristianos sinceros;
si este don alcanzable lográramos
careceríamos de la culpa del “deudor”

    Y NO NOS METAS EN TENTACIÓN:

     Tú no nos dejar caer, Señor,
nosotros somos nuestro tropiezo.
     Una y otra y otra vez caemos
del tronco que ante nosotros ponemos.
     Te pedimos insistentemente
la ayuda que no queremos.
     Lo que a Ti disgusta
a nosotros es tan atrayente...       
     Si no llamara nuestra atención
de modo tan insistente...
     Ya ves, aún lo justificamos, discúlpanos.

 MAS LÍBRANOS DEL MAL:

     El mal. Cual mal. El nuestro. El de los otros.
     Qué es el mal. Quién lo tiene.
     ¿Por qué hay mal?
     Mira Señor que no lo entiendo
y a esta duda solo yo, me atengo.
     Si Tú eres bondad infinita
¿cómo fue que alguien o algo se trastocara en otra cosa
no creada previamente por Ti siendo el “Creador”?
     Pues así soy de imprudente, ya me conoces,
y, en haciéndolo, no sé cómo me aceptas tan osada.
     Te lo suplico, a pesar de mí, del mal líbrame.       
       
*****
  


No hay comentarios:

Publicar un comentario